jueves, 29 de octubre de 2009

Cuando la sensatez cedió en favor de tus labios

Un encanto lejano para las limitadas aspiraciones de mi corazón, eso eras. Tu táctica indiferente me mantuvo cerca por algún tiempo, a pesar de los instantes de derrotas en los que quise abandonar mi objetivo con pronóstico fatídico desde sus remotos inicios.

Por esos azares fortuitos del camino y mi enigmática perseverancia para algunas cosas, conseguí que volvieras tu mirada hacia mi. Oh.... Santa alegría.... Cuanto tiempo lo desee y prometi dar rienda suelta a mi locura si tus labios llegasen a tocar los mios. Un sueño tan distante que se fue acercando parsimoniosamente hasta hacerse palpable por mis miopes púpilas, que sólo pueden divisar el tierno destello de las tuyas cuando estás a escasos centrimetros de mi rostro.

Deleite hay en mis labios, confusión en tu mirada, sonrrisa en la silueta de mi boca, y la tuya que la reproduce. En ese instante pasan como ráfagas los otros segundos innumerables de vascilación en los que el temor venció apabuyantemente la pasión y sumé una nueva derrota ante un enemigo que creía perdido en mi pasado.

Sentirte mia en un momento tan sútil y tan efímiero, fue la recompenza a los insultos que tantas veces me autodirijí producto de mi propia incapacidad. ¿Bastará ese instante? quizás si, al menos por ahora, mientras conserve tu sabor en mi boca, mientras la memoria, la más inútil de mis inteligencias, guarde ese recuerdo sagrado de realización.

Cuando ese Ahora termine, seguramente desearé repetir tan sublime experiencia, que ya no veo a lo lejos, y espero, tampoco lo esté. Probablemente, muy probablemente, volveré a jurar que no tiene importancia si otra vez pierdo la cordura prematuramente , y muchísimo menos si esta vez es para siempre.