domingo, 27 de septiembre de 2009

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Camino lento, destino seguro

Su caminar lento puede ser signo de cansancio o de tristeza; su piel morena, una señal de que quizás su ascendencia no se asemeja a la de la mayoría de habitantes de esta ciudad. El lleva una maleta de cuero, color abano, al hombro; su tamaño no es relevante, tampoco su peso, pues es posible deducir por su forma que no lleva gran cosa dentro de ella.
El sol incandescente del medio día más una hora hace proliferar en su rostro los gestos de agotamiento o angustia. Está cansado, está claro, ¿de dónde viene? ¿Para dónde va? ¿Es larga la distancia que está recorriendo?, o ¿quizás es su edad lo que hace más difícil su andar? No debe pasar de los sesenta, pero tampoco han pasado menos de cincuenta años desde que su madre lo dio a luz.
Su paso es lento y su ritmo melancólico a lo largo de la avenida Campo Hermoso. Su mirada es distraída, algunas veces en el suelo, otras dirigida hacia el frente- pero no como si supiera para donde va, es sólo la forma de evitar un tropiezo-, y sólo en contadas ocasiones levanta su cabeza al azuloso cielo de este día soleado, movimiento que acompaña con el paso de su muñeca por la frente y así consigue limpiar el sudor que comienza a emerger de su cutis facial.
El puño cerrado en frente de su boca, una leve inclinación de su columna vertebral y una pausa corta para toser, son los rasgos de una escena que plantea otra hipótesis que podría explicar su parsimonioso caminar; puede ser un hombre enfermo.
Se detiene y mientras descansa mira el aviso gigantesco de una moderna clínica, ¿qué piensa en ese instante? ¿Pensaría en lo grato que sería ser atendido en un lugar así?, seguramente que si, pero también puede que a los dos segundos también hubiese podido pasar por su mente que eso tal vez nunca pasaría, pues a juzgar por su apariencia, su estrato socioeconómico no es muy alto.
Continúa su descenso y parece que su cuerpo se descuelga por atracción de la gravedad, y que el impulso que ha tomado para acelerar su paso está estrechamente ligado, no con su necesidad de llegar pronto, sino a la dificultad de sostener el peso de su propio yo, que se mueve como por inercia en una pendiente que se hace cada vez más pronunciada.
Por primera vez en más de quince cuadras vuelve su mirada hacia atrás y nota mi presencia, quizás fue por ese motivo que decidió cruzar la calle en la cebra más cerca que se encontró.
Es el final del recorrido para las busetas que van para Villapilar, pero el caminante continua su andar, toda vez que este control es apenas una estación más en su recorrido que, dicho sea de paso, no parece estar cerca de su término.
El paisaje urbano de edificios y un considerable flujo vehicular se empieza a transformar en zonas verdes, casas de bareque de un solo nivel y el paso aislado de una que otra buseta por encima del asfalto, a través del cual no hace mucho pasó alguno o algunos representantes del ganado vacuno- ya sea caballo o vaca- pues a su paso ha dejado una huella inconfundible de excremento fresco.
La carretera se hace angosta. Los camperos y volquetas que ahora circulan por los dos estrechos carriles amenazan con arrollar al caminante errante, no obstante, su pericia no es poca, y se sabe al pie de la letra la norma de trotamundos que indica que siempre hay que caminar en el sentido contrario al tráfico. Cuando su técnica no es suficiente, no le queda más de otra que pegarse al alambre de púas que separa la vía de los campos verdes de una finca cuyo dueño desconoce.
En un punto donde las ramas de un árbol impiden el paso de los inclementes rayos de sol, el caminante aprovecha para que el líquido que estaba en su vejiga con necesidad urgente de salir, lo haga a través del órgano que tantas veces ha hecho feliz a sus mujeres, para que esta vez sean las plantas las que gocen con sus beneficios.
Paso seguido, el caminante parece llegar a su destino, o al menos al de hoy. Abre una puerta enrejada, cruza un antejardín y se sienta en una de las cuatro mecedoras que hay en el pasillo de una casa de madera de enormes proporciones. Las otras dos sillas son ocupadas por igual número de mujeres, que perfectamente podrían ser su esposa y su hija. Desde afuera una foto para la ilustración de un texto de Rousseau con toda la carga de romanticismo posible, desde dentro, un enigma completo.

Un final Feliz en la dolorosa tragedia de Armero

Eran las 4 y 30 de la tarde cuando una lluvia de Arena y Ceniza empezó a bañar el norte del Tolima. En Armero, la población que había sido alertada en tantas ocasiones por vulcanólogos y Organismos de Socorro frente al inminente peligro en que se encontraba llegado el caso de que el león dormido decidiera despertar, el calor era insoportable y el ambiente estaba enrarecido por un extraño olor a azufre.
Ese día, doña Myriam Solarte de Cuesta se había levantado como de costumbre, minutos antes de que el sol dejará ver sus primeros destellos de luz. Al abrir la palabra de Dios al azar para conocer lo que “El Señor” le tenía para ese día, se dio cuenta de que estaba leyendo la misma cita del día anterior: ‘Yo te protegeré, tu pie no tropezará contra piedra alguna’.
De inmediato lo relacionó con un posible robo, nunca se imaginó que se trataba de una tragedia tan grande como la que estaba a punto de vivir. Y es que, así como ella, ninguno de los habitantes de Armero se imaginó, a pesar de los frecuentes movimientos telúricos y las grandes fumarolas de los últimos tres meses, que el Nevado del Ruiz fuera a hacer erupción.
Doña Myriam, había escuchado algunas historias de avalanchas de mucho tiempo atrás a sus 22 años, cuando recién llegó a Armero a enseñar en el colegio de ‘Las Terciarias Capuchinas’, después de aprender “todo lo que necesitaba saber para salir adelante en la vida” en una institución de las mismas hermanitas en su natal Cali.
Siendo la mayor de cinco hermanas, a los diez años, la vida le dió un duro golpe con la muerte de su madre, pero con el empuje que siempre la ha caracterizado logró sobreponerse, y en el colegio de religiosas consiguió terminar su primaria y a aprendió a tejer “cosas muy bonitas”, como ella misma recuerda en medio de sonrisas.
Cuando llegó a ‘La ciudad Algodonera de Colombia’, conoció a su esposo, don Aldemar, de quién se enamoró y con el que posteriormente adoptaría una niña para hacer realidad el sueño de formar una familia, la misma que algunos años después, a bordo de una camioneta, escaparía de la furia de la naturaleza en medio de la oscuridad.
El 13 de noviembre, doña Myriam había cerrado temprano su negocio de huevos ubicado al frente de la plaza y había ido con su esposo a observar un indicio que pudiera confirmarles el fenómeno que estaba ocurriendo, “una de las señales que a nosotros nos habían dicho que tuviéramos en cuenta, era el color del agua del rio (Lagunilla), y en efecto el agua ya venía lechosa, ósea que el agua ya estaba azufrada”.
“Siempre se pensó en agua, muchas de las personas que murieron en Armero creyeron que había sido por una inundación”
En ese instante, recordó todo lo que había leído en la prensa días antes, donde se decía que Armero desaparecería si el Cráter Arenas llegara a hacer erupción.
No obstante, otra amenaza tenía mucho más crédito en ‘La Ciudad Blanca’ por ese entonces: el posible desbordamiento de la represa ‘El Cirpe’, la cual producía mayor temor que las señales del Nevado, “Siempre se pensó en agua, muchas de las personas que murieron en Armero creyeron que había sido por una inundación”.
Ya en su casa, y en medio de un “calor infernal”, doña Myriam y su esposo estaban acostados sobre una sabana en el piso, viendo un partido de Cali y Millonarios, cuando a eso de las 10 y 30 de la noche, Hernán Castrillón interrumpió la programación para anunciarle a Colombia que el Ruiz había hecho erupción.
Pasaron unos minutos, y en Armero comenzó a sentirse un extraño sonido en el viento, “se escuchaba como un Schhh…muy fuerte, yo pensé que era el gas pero de pronto me di cuenta que era arena”. De repente, la población se quedó en tinieblas por una falla en el fluido eléctrico y una tormenta, con rayos y truenos incluidos, completó el cuadro tenebroso de una noche apocalíptica. En ese momento, pasó un profesor en una moto gritando: ¡desocupemos Armero que se vino la represa! Don Aldemar sacó a su hija de la cuna y junto a “Luquita”, su cuñada, se montaron en la camioneta. Ya iban a salir sin doña Myriam, que pensaba quedarse para impedir que el agua dañara sus muebles, cuando “Luquita” se rehusó a irse sin su hermana, “sin pensarlo más yo me subí, el Señor es muy lindo, sino fuera por ella yo hubiera quedado allí”.
“El Señor nos despejó el camino, no nos dejó tropezar”
Salieron en la camioneta rumbo a un lugar alto, como lo habían recomendado las autoridades en caso de una inundación, y cuando apenas estaban arrancando, una joven se les cruzó en el camino y les pidió que la llevaran porque “eso” ya había arrasado con su casa y con sus papás.
“Nosotros salimos por detrás del hospital y atravesamos Armero pitando y gritando que desocuparan el pueblo. Muchos nos decían borrachos dejen dormir”, cuenta doña Myriam como protagonista de un milagro, pues luego supo que en ese momento la avalancha ya había alcanzado gran parte de la población y que la calle por donde ellos se dirigían, estaba en el “centro de la encerrona que estaba haciendo el lodo”.
Al cabo de un rato, llegaron a la ‘Loma de la Cruz’, el sitio dónde lograron resguardar sus vidas, “el Señor nos despejó el camino, no nos dejó tropezar”.
Fue una madrugada eterna, no paró de llover en ningún momento y los gritos de dolor no cesaban en la oscuridad, una oscuridad tan grande como la incertidumbre de no saber lo que realmente estaba pasando.
Cuando amaneció, se encontró con la verdadera magnitud de la tragedia cuando intentó bajar de la montaña para ver lo que había sucedido y observó a personas llenas de barro y completamente deformadas que le pedían ayuda. Ella no supo que hacer y volvió corriendo al sitio dónde se había refugiado la noche anterior.
El temor no terminó allí, doña Myriam, junto a su familia y un grupo de sobrevivientes, pasó tres días “buscando altura” para huir de otra posible avalancha. Durante ese tiempo, subsistieron comiendo granos de maíz de los cultivos aledaños.
En un momento, al llegar a una finca, doña Myriam le propuso al dueño, dejarle la camioneta a cambio de que los ayudará a salir. Este señor ordenó a uno de sus empleados que “los sacara en un tractor hasta Cambao”. Al llegar a este lugar también tuvieron que ser evacuados, pues el Rio Magdalena amenazaba con desbordarse.
Fue entonces cuando llegaron a Girardot, donde el dueño de granja Buenos Aires, el señor Salomón Tovar, quien era el proveedor del negocio de doña Myriam y tenía una alta estima por la familia, los recogió y los llevó hasta su casa en Ibagué.
“Lo perdí todo pero tengo las manos para trabajar” fue lo que le dijo doña Myriam al dueño de la granja cuando este le preguntó lo que pensaba hacer en adelante. Fue así como en un carro de huevos, buscando un nuevo horizonte, esta mujer emprendedora y positiva llegó a Fresno a rehacer su vida.
Allí, montó nuevamente su negocio de huevos y le pidió al párroco que le colaborara haciéndole “la propaganda” después de las misas, ya que ella venía de la zona de tragedia y necesitaba la ayuda de la comunidad, “yo no pedía que nos dieran limosna, solo quería que nos colaboraran comprándonos el producto”. Y así, muchas personas se acercaron a comprarle, no sin antes pedirle que les relatara su historia.
Doña Myriam ahora está próxima a cumplir 60 años y tiene un próspero negocio que le ha permitido tener una vida tranquila y cumplir uno de sus más grandes sueños: educar a María del Pilar, su hija, la niña de cuatro años y medio que llevó en sus piernas aquella noche en la camioneta, cuando escaparon de la muerte como en una película que para ellas, tuvo un final feliz. “Nosotros no vivimos de los recuerdos porque todo eso quedó allá”





Música, origen y reinvención

Es difícil determinar con exactitud el momento y el lugar precisos, en los cuales la música hizo su aparición en la vida del hombre, sin embargo, existen varias teorías que tratan de explicar, especialmente, las razones por las que el ser humano pudo descubrirla y hacerla parte de su vida, llegando a tal punto, que le fuese imposible concebir el universo sin ella.
Hablando de la música dentro de su propia esencia, más allá de ser utilizada por el hombre para diferentes fines, e igualmente, qué intereses prácticos y mundanos llevaron a que el hombre la poseyera, no se puede llegar a precisar un momento exacto ni un lugar concreto. Aquí cabe la afirmación de que la música puede llegar a ser tan antigua como el mismo hombre
[1], de que existe la posibilidad de una aparición paralela en lugares periféricos alrededor del mundo, que una cultura haya apreciado su valor siglos después de que otra ya lo hubiera hecho, sin necesidad de haber tenido contacto alguno.
A partir de esta afirmación, se le puede dar la característica de innata en el ser humano, así como lo es el lenguaje, sus instintos, sus necesidades básicas, no obstante que no pueda colocarse al nivel de estas, ya que se le puede considerar en un nivel más elevado porque son estas últimas las que suscitan la aparición de la música como una manifestación humana que va más allá del mismo entorno, más allá del mundo físico. Por eso está en un nivel más alto.
Pero eso no quiere decir que sea un elemento netamente espiritual del hombre, es más un mediador entre su mundo tangible como tal y la representación subjetiva que tiene de este. Entendida la imposibilidad de realizarle una cronología a la música, es decir, ubicar el proceso de su desarrollo en tiempo y espacio exactos, es en cierta medida intransigente; en esta situación es más coherente un enfoque al proceso de génesis de la música como tal, esto a partir de indicios, de herramientas otorgadas por diferentes ciencias humanas, como la antropología (específicamente la etnología), la sociología, la lingüística (ya que se establece una relación directa entre palabra y canto), entre otras, pero a la hora de darle una formalidad a este estudio se entra a hablar de la musicología, y en su defecto, la etnomusicología.
Sus estudios son catalogados como frívolos, pero esto es por su carácter objetivo necesario para desentrañar la sucesión de fenómenos que pudieron dar origen a la música, teniendo la idea clara de que se ha de partir de fines fácticos y de supervivencia.
El hombre en el instante mismo en el que se ve concebido en el mundo, ha de afrontar una serie de retos, pero deja a un lado las respuestas instintivas y por medio de la razón trata de entender muchos problemas, para posteriormente, solucionarlos. Es decir, el hombre hace una labor de comprensión de su entorno, para así dominarlo, y luego transformarlo en función de sus intereses.
La pregunta planteada, entonces es: ¿Cuándo, cómo y por qué aparece la música como medio para lograr la pretensión de entendimiento, domino y transformación del entorno?
Lo primero que hay que indicar para empezar a dar respuesta a este interrogante, es que existen dos grandes creencias acerca de la forma como la música se convierte en ese instrumento vital en la historia del hombre, a saber: el mimetismo y la necesidad de reproducir los sonidos de la naturaleza, es la primera de ellas, y el canto como prolongación de la palabra, y por tanto del lenguaje, la segunda.
“Teorías iniciales tratan sobre el origen mimético-mágico-rítmico de la música. Sus hipótesis ubican el inicio de la música en los sonidos o los ruidos que los primeros hombres hicieron para apropiarse de los espíritus de los animales y poder cazarlos. La música nace, según el musicólogo por imitación”
[2].
Esta teoría, enunciada por el profesor de la Universidad de Eafit, Pablo Montoya Campuzano, está sustentada en los estudios que hizo Carpentier
[3] en su trabajo ‘Los pasos perdidos’ a mediados de los años 70 del siglo pasado, dónde aseguraba que el hombre produjo los primeros sonidos musicales al imitar, por ejemplo, el cantar de los pájaros, el galope de los caballos o los ruidos de la naturaleza a su alrededor.
Fue Aristóteles
[4] quién primero habló de esto, cuando al estudiar el arte de los sonidos, aseveró que este, provenía de la necesidad innata que tiene el hombre de imitar los sonidos de la naturaleza. Por otro lado, en Grecia, predominaron dos hipótesis, la mítica que habla de Orfeo[5] y su lira, y la científica que coloca a Pitágoras[6] como el padre la música.
En contraposición a esta concepción de Carpentier y otros estudiosos, aparece una que no ve el inicio del canto y de la música como producto de reproducción de gemidos, gritos u onomatopeyas, sino que precisa que este proceso fue un poco más complejo y contó con la influencia de otros factores, tales como la mística y las interpretaciones que hacía el hombre primitivo del mundo, a través del mito, la tradición, e incluso, la misma religión.
Es así, como es posible argumentar que el canto es una prolongación de la palabra, en busca de una forma libre de expresión, de encontrar ese lugar de conexión entre lo real y lo imaginario, entre lo material y lo espiritual. La música es entonces, ese medio que estimula los sentidos y transporta a un universo paralelo, pero a través de la palabra, valiéndose del lenguaje para interpretar y reconstruir el mundo.
Rousseau
[7] dice que “en el origen de la melodía, el sonido del canto es el mismo sonido de la palabra, sólo que el primero es permanente y sostenido, mientras que el de la palabra vive un estado de fluxión continua y nunca se sostiene”[8].
Posiblemente el mimetismo pudo haber sido el punto de partida de muchos sonidos, que a la larga podrían establecerse como fundamentos, pero en dicho estado de mimesis, la creatividad es nula, por lo cual no se puede hablar de música como tal, porque el hombre imita no representa. Por tanto, cuando dichos sonidos se enlazan con la profundidad del lenguaje, y a la postre la palabra, es aquí dónde la esencia humana impregna a un montón de sonidos anacrónicos aplicándolos a unos fines específicos, lo que en consecuencia les otorga un significado, caso concreto la utilización que se le da en rituales que pueden apreciarse en sociedades primitivas, en los cuales por medio de cantos intentan encontrar explicaciones metafísicas del mundo (magia, espiritismo, dioses).
Reinvención
Después de analizar lo correspondiente al origen de la música, otro tema se torna de suma importancia para la comprensión de lo que se conoce hoy como música: su evolución a través del tiempo, y de manera especial, las razones que ha tenido para evolucionar.
Al igual que en otras disciplinas, el hombre ha puesto en la música su alma y su esencia, esto quiere decir que la ha convertido en prolongación de sus aspiraciones y medio para su realización, por tanto necesita de un contenido propio de la naturaleza humana: el ansia de la forma futura, de la disolución en el mundo y la búsqueda de la inmortalidad
[9].
Aquí aparece un término de suma relevancia, el de Idea, pues es esta la que transforma el estilo, la letra, el ritmo, las armonías y las melodías de las canciones a través de los tiempos, revelando una verdad innegable: los pensamientos e ideologías de la época, van a influir constantemente y de manera definitiva en la producción musical.
Pero sería corto e incompleto quedarse en esta afirmación, toda vez que existan otros elementos dignos de poner en consideración en esta discusión, como por ejemplo, la aceptación o rechazo que tienen estas innovaciones en el mundo musical.
Shoenberg
[10], reconocido revolucionario y precursor de la ‘música nueva’ (como se ubicaron las composiciones que vinieron después de los clásicos en países europeos como: Alemania, Austria, Francia, Italia y Checoslovaquia), es a su vez un estudioso de la música clásica y no dudaba en afirmar: “mi profundo conocimiento de los valores reales no podía permitirme faltar al respeto a los auténticos grandes”.
Este músico-escrito alemán, tenía claro en lo que muchos expertos musicólogos y musicógrafos han coincidido: a pesar del valor progresista de la música, la obra de arte nunca pasará de moda.
Esto quiere decir que así la música nueva tenga un valor extra porque cumple las expectativas del hombre de estar reinventando su vida y su mundo, no es superior a las obras que con una estética inigualable llegaron a considerarse como verdadero arte.
Shoenberg mismo decía que el compositor tiene que tener una idea central, un tema específico que quiera representar y embellecer por medio de la colocación de sonidos, pero que si, como en muchas ocasiones ocurría, la música moderna se ocupaba más de la forma que del fondo, y olvidaba la grandeza verdadera del artista al conseguir una verdadera compenetración con su arte para ocuparse de lo que el mercado demanda, seguramente la urgencia y la prisa terminaran opacando la apreciación de la música en todo su esplendor y en toda su belleza.
La reinvención de la música es innegablemente necesaria, y en términos del sustrato del hombre, positiva, pero si es la propaganda, la infructuosa predicción de lo que el público quiere y el juego de acción y reacción de algunos realizadores lo que mueve en ultimas la producción musical, se está atentando directamente con otro principio humano: la búsqueda; se trata de cortarle las alas al espíritu del músico, olvidar la experimentación para concentrarse en la mercadotecnia, es en definitiva, un lamentable fenómeno que asecha la música actual y amenaza con degradarla y echar al olvido su verdadera esencia, aquella de la que sociedades primitivas se enamoraron perdidamente.

·
[1] MONTOYA CAMPUZANO, Pablo. Revista Universidad Eafit. ‘Los pasos Perdidos y las teorías sobre el origen de la música’. Ed. Centro de Publicaciones Universidad de Eafit. Medellín, 2005. P-p 57-66


[2] Idem
[3] Alejo Carpentier y Valmont: (26 de diciembre de 1904 –24 de abril de 1980), fue un novelista cubano, que influyó notablemente en la literatura latinoamericana durante su famoso período de auge.
[4] Aristóteles: uno de los más grandes filósofos de la antigüedad y acaso de la historia de la filosofía occidental. Fue creador de la lógica, precursor de la anatomía y la biología y un creador de la taxonomía.
[5]Orfeo: personaje de la mitología griega, hijo de Apolo y la musa Calíope. Hereda de ellos el don de la música y la poesía.
[6] Pitágoras de Samos: fue un filósofo y matemático griego, famoso sobre todo por el Teorema de Pitágoras.
[7] Jean-Jacques Rousseau: fue un escritor, filósofo y músico; usualmente es definido como un ilustrado, pero parte de sus teorías prefiguran el posterior Romanticismo.
[8] MONTOYA CAMPUZANO, Pablo. Revista Universidad Eafit. ‘Los pasos Perdidos y las teorías sobre el origen de la música’. Ed. Centro de Publicaciones Universidad de Eafit. Medellín, 2005. P-p 57-66.


[9] SHOENBERG, Arnold. El Estilo y la Idea. Ed. Taurus. Madrid, 1963. 282 p.
[10] Shoenberg: Músico alemán, conocido por su decisiva innovación de la música contemporánea.

Mi buen amigo Pollo

Es un gran deportista; juega fútbol, tenis, squach, monta bicicleta, sale a correr por las mañanas y, si lo invitan, también va a nadar a la piscina olímpica del Bosque Popular. Hace de todo, lo cual no quiere decir que todo lo haga bien. Quizás lo haría, sino tuviera que ocuparse de acomodar sus rubios rizos de 40 centímetros en toda su cabeza y cuidar que su tez blanca no se oscurezca por efecto del sol, pues si hay algo a lo que realmente le teme, no es a Dios, sino a volverse negro. No se considera racista, simplemente considera que las personas de color no deberían existir, pues para él hacen parte de unos eslabones atrás de la cadena evolutiva.
No obstante, ese no es el grupo que más repudia en la sociedad, si lo es en cambio, el de los “fanáticos religiosos”, como el mismo lo llama. Su oposición a la religión, y aún más su imprudencia, han sido causantes de decenas de miradas de horrorización, tales como la de la mamá de una amiga suya, quién apenas pudo disimular su sorpresa cuando, en medio del almuerzo al que había sido invitado, el emulo del pibe Valderrama dejó escapar con todo sarcasmo un: “¡ilumíname Satán!”.
Por esa misma frasecita, ya había tenido problemas antes con la única mujer a la que no considera-¿Cómo se podría decir?- de la vida fácil, a saber, su madre. Una modesta modista que trabaja esforzadamente para sacar adelante a su dulce niño de 18 años, y pide al cielo, todos los días, que perdone las blasfemias de su muchacho, y que lo cuide de todo mal, pues teme por su seguridad dada su marcada influencia revolucionaria.
Y es que la melena del viejo Pollo, como lo llaman sus amigos, no obedece tanto al deseo de parecerse al mítico diez de la selección Colombia, sino a un tributo, un poco más crespo eso si, a quién considera un importante referente en su vida: Ernesto “El Che” Guevara. Fue así, como por su inocultable anarquismo, y su ya conocida imprudencia, una vez en la cafetería de su universidad descubrió que había alguien tomándole fotos, y se preguntó si tendría que ver con lo ocurrido durante una marcha del día anterior, cuando había estado repitiendo: ¡Capitalismo: canibalismo! ¡Uribistas de mierda! ¡Que viva el comunismo!
¿Un comunista que odia los negros? Sí, ese es Pollo. El mismo que añora una sociedad con igualdad de oportunidades y exige el respeto de los derechos de todos sin importar su estrato socioeconómico, es el mismo que sueña con Europa, un tour en el mediterráneo y un auto último modelo para conducirlo frente a los ojos de las personas que en algún momento lo humillaron porque tenían más que él. Quizás sea muy extraño, pero este es un comunista al que le gusta el dinero, dinero que, en su vida presente, a veces puede escasear para comer, pero nunca para salir a rumbear.
Como una buena parte de los universitarios de la ciudad, el joven de 1.70 centímetros de estatura aproximadamente, espera con ansiedad la llegada del fin de semana para dejar a un lado a Marx, Nietzsche o Levi Strauss, y darle paso a Bar C, Lemmon o la Cocktelera, pues no hay algo que disfrute tanto como unos buenos tragos (mucho mejor si es tequila) en compañía de sus amigos, con quienes puede arreglar los problemas más críticos del país, o sencillamente comentar sobre la banalidad de la moda.
El dinero que se gasta en la fiesta, en muchas ocasiones no proviene solo de la abstinencia alimenticia de la semana inmediatamente siguiente, sino también de los innumerables congresos de antropología a los que asisten sin asistir hace más de dos años. Su carrera lo apasiona y el conocimiento llama su atención con un altavoz en la mano, es solo que en algunas ocasiones él tiene la virtud o el defecto de ser más sordo que de costumbre y dedicarse al ocio; todo, para que al final del semestre sea su buen amigo Adolfo, quién termine haciendo sus más importantes trabajos a cambio de un plato de lentejas.
Sí tal es su dedicación para asuntos académicos, no es difícil imaginarse su constancia en dos de los nuevos propósitos que ha adherido a su vida, a saber, aprender a tocar guitarra y conocer el arte de la representación teatral. Clases para el logro de su primera meta recibe en la comodidad de su apartamento, pero sabrá Dios quién lo motiva después para que ensaye, pues sus avances son realmente discretos; y para que aguardar esperanzas en su segundo fin, si luego de inscribirse en una escuela de Villamaría, se la paso dos tardes a la semana haciéndole visita a una amiga durante todo el semestre.
El talento de Pollo no es algo para menospreciar, pero la pereza, lejos de cualquier exageración, domina su vida a placer. Su fuerza de voluntad es considerablemente débil, basta con recordar el día de su último cumpleaños, cuando había prometido pasar una noche de reflexión a solas para encausar su camino y planear su futuro, y necesito de una corta llamada de sus amigos para salir en búsqueda de mujeres y alcohol, y olvidar así su estipulación inicial.
Ese débil carácter, sustentado en la mala influencia de sus amigos, ha terminado con muchas de sus relaciones sentimentales, aunque no ha sido un factor tan determinante como la enorme y rápida capacidad que tiene para aburrirse de las personas. ¡Pobre Kelly! Su alegría y su arrollador sentido del humor la cautivaron, pero no vio nunca que el viejo Pollo es un personaje extraordinario y contradictorio, tan ilusionado y defraudado por la vida, tan acertado a ratos como tan errante a otros. Tan humano, tan él.