Mostrando entradas con la etiqueta Entrevista Acrónicada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevista Acrónicada. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Un final Feliz en la dolorosa tragedia de Armero

Eran las 4 y 30 de la tarde cuando una lluvia de Arena y Ceniza empezó a bañar el norte del Tolima. En Armero, la población que había sido alertada en tantas ocasiones por vulcanólogos y Organismos de Socorro frente al inminente peligro en que se encontraba llegado el caso de que el león dormido decidiera despertar, el calor era insoportable y el ambiente estaba enrarecido por un extraño olor a azufre.
Ese día, doña Myriam Solarte de Cuesta se había levantado como de costumbre, minutos antes de que el sol dejará ver sus primeros destellos de luz. Al abrir la palabra de Dios al azar para conocer lo que “El Señor” le tenía para ese día, se dio cuenta de que estaba leyendo la misma cita del día anterior: ‘Yo te protegeré, tu pie no tropezará contra piedra alguna’.
De inmediato lo relacionó con un posible robo, nunca se imaginó que se trataba de una tragedia tan grande como la que estaba a punto de vivir. Y es que, así como ella, ninguno de los habitantes de Armero se imaginó, a pesar de los frecuentes movimientos telúricos y las grandes fumarolas de los últimos tres meses, que el Nevado del Ruiz fuera a hacer erupción.
Doña Myriam, había escuchado algunas historias de avalanchas de mucho tiempo atrás a sus 22 años, cuando recién llegó a Armero a enseñar en el colegio de ‘Las Terciarias Capuchinas’, después de aprender “todo lo que necesitaba saber para salir adelante en la vida” en una institución de las mismas hermanitas en su natal Cali.
Siendo la mayor de cinco hermanas, a los diez años, la vida le dió un duro golpe con la muerte de su madre, pero con el empuje que siempre la ha caracterizado logró sobreponerse, y en el colegio de religiosas consiguió terminar su primaria y a aprendió a tejer “cosas muy bonitas”, como ella misma recuerda en medio de sonrisas.
Cuando llegó a ‘La ciudad Algodonera de Colombia’, conoció a su esposo, don Aldemar, de quién se enamoró y con el que posteriormente adoptaría una niña para hacer realidad el sueño de formar una familia, la misma que algunos años después, a bordo de una camioneta, escaparía de la furia de la naturaleza en medio de la oscuridad.
El 13 de noviembre, doña Myriam había cerrado temprano su negocio de huevos ubicado al frente de la plaza y había ido con su esposo a observar un indicio que pudiera confirmarles el fenómeno que estaba ocurriendo, “una de las señales que a nosotros nos habían dicho que tuviéramos en cuenta, era el color del agua del rio (Lagunilla), y en efecto el agua ya venía lechosa, ósea que el agua ya estaba azufrada”.
“Siempre se pensó en agua, muchas de las personas que murieron en Armero creyeron que había sido por una inundación”
En ese instante, recordó todo lo que había leído en la prensa días antes, donde se decía que Armero desaparecería si el Cráter Arenas llegara a hacer erupción.
No obstante, otra amenaza tenía mucho más crédito en ‘La Ciudad Blanca’ por ese entonces: el posible desbordamiento de la represa ‘El Cirpe’, la cual producía mayor temor que las señales del Nevado, “Siempre se pensó en agua, muchas de las personas que murieron en Armero creyeron que había sido por una inundación”.
Ya en su casa, y en medio de un “calor infernal”, doña Myriam y su esposo estaban acostados sobre una sabana en el piso, viendo un partido de Cali y Millonarios, cuando a eso de las 10 y 30 de la noche, Hernán Castrillón interrumpió la programación para anunciarle a Colombia que el Ruiz había hecho erupción.
Pasaron unos minutos, y en Armero comenzó a sentirse un extraño sonido en el viento, “se escuchaba como un Schhh…muy fuerte, yo pensé que era el gas pero de pronto me di cuenta que era arena”. De repente, la población se quedó en tinieblas por una falla en el fluido eléctrico y una tormenta, con rayos y truenos incluidos, completó el cuadro tenebroso de una noche apocalíptica. En ese momento, pasó un profesor en una moto gritando: ¡desocupemos Armero que se vino la represa! Don Aldemar sacó a su hija de la cuna y junto a “Luquita”, su cuñada, se montaron en la camioneta. Ya iban a salir sin doña Myriam, que pensaba quedarse para impedir que el agua dañara sus muebles, cuando “Luquita” se rehusó a irse sin su hermana, “sin pensarlo más yo me subí, el Señor es muy lindo, sino fuera por ella yo hubiera quedado allí”.
“El Señor nos despejó el camino, no nos dejó tropezar”
Salieron en la camioneta rumbo a un lugar alto, como lo habían recomendado las autoridades en caso de una inundación, y cuando apenas estaban arrancando, una joven se les cruzó en el camino y les pidió que la llevaran porque “eso” ya había arrasado con su casa y con sus papás.
“Nosotros salimos por detrás del hospital y atravesamos Armero pitando y gritando que desocuparan el pueblo. Muchos nos decían borrachos dejen dormir”, cuenta doña Myriam como protagonista de un milagro, pues luego supo que en ese momento la avalancha ya había alcanzado gran parte de la población y que la calle por donde ellos se dirigían, estaba en el “centro de la encerrona que estaba haciendo el lodo”.
Al cabo de un rato, llegaron a la ‘Loma de la Cruz’, el sitio dónde lograron resguardar sus vidas, “el Señor nos despejó el camino, no nos dejó tropezar”.
Fue una madrugada eterna, no paró de llover en ningún momento y los gritos de dolor no cesaban en la oscuridad, una oscuridad tan grande como la incertidumbre de no saber lo que realmente estaba pasando.
Cuando amaneció, se encontró con la verdadera magnitud de la tragedia cuando intentó bajar de la montaña para ver lo que había sucedido y observó a personas llenas de barro y completamente deformadas que le pedían ayuda. Ella no supo que hacer y volvió corriendo al sitio dónde se había refugiado la noche anterior.
El temor no terminó allí, doña Myriam, junto a su familia y un grupo de sobrevivientes, pasó tres días “buscando altura” para huir de otra posible avalancha. Durante ese tiempo, subsistieron comiendo granos de maíz de los cultivos aledaños.
En un momento, al llegar a una finca, doña Myriam le propuso al dueño, dejarle la camioneta a cambio de que los ayudará a salir. Este señor ordenó a uno de sus empleados que “los sacara en un tractor hasta Cambao”. Al llegar a este lugar también tuvieron que ser evacuados, pues el Rio Magdalena amenazaba con desbordarse.
Fue entonces cuando llegaron a Girardot, donde el dueño de granja Buenos Aires, el señor Salomón Tovar, quien era el proveedor del negocio de doña Myriam y tenía una alta estima por la familia, los recogió y los llevó hasta su casa en Ibagué.
“Lo perdí todo pero tengo las manos para trabajar” fue lo que le dijo doña Myriam al dueño de la granja cuando este le preguntó lo que pensaba hacer en adelante. Fue así como en un carro de huevos, buscando un nuevo horizonte, esta mujer emprendedora y positiva llegó a Fresno a rehacer su vida.
Allí, montó nuevamente su negocio de huevos y le pidió al párroco que le colaborara haciéndole “la propaganda” después de las misas, ya que ella venía de la zona de tragedia y necesitaba la ayuda de la comunidad, “yo no pedía que nos dieran limosna, solo quería que nos colaboraran comprándonos el producto”. Y así, muchas personas se acercaron a comprarle, no sin antes pedirle que les relatara su historia.
Doña Myriam ahora está próxima a cumplir 60 años y tiene un próspero negocio que le ha permitido tener una vida tranquila y cumplir uno de sus más grandes sueños: educar a María del Pilar, su hija, la niña de cuatro años y medio que llevó en sus piernas aquella noche en la camioneta, cuando escaparon de la muerte como en una película que para ellas, tuvo un final feliz. “Nosotros no vivimos de los recuerdos porque todo eso quedó allá”